Es como mirarse en el espejo
Cómo la relación con un padre influye en la salud emocional de un hijo
Imagino que a muchos de ustedes les pasó alguna vez: no había quien los cuidara y tuvieron que acompañar a sus padres al trabajo. Y sin duda, la mayoría de los padres y madres nos mostraban a sus compañeros de trabajo con gran orgullo. “Ven para que vean al nene o a la nena”.
Llevo 15 años trabajando como psiquiatra, pero he dedicado los últimos 10 a la práctica privada. A lo largo de los años he construido relaciones duraderas con los pacientes que continúan en mi práctica durante este periodo. Hemos crecido juntos y han sido testigos del desarrollo de mis hijos.
Mis hijos ya están acostumbrados a que los presente a los pacientes. Aunque en ocasiones todavía se avergüenzan un poco, eso es algo que ha ocurrido a lo largo de la vida. Y con esas personas que llevan muchos años conmigo, la dinámica cambia y las conversaciones se sienten casi familiares, porque han visto crecer a mis hijos desde que eran niños y ahora ya son adolescentes.
La realidad es que tanto mi hija como mi hijo tienen un gran parecido físico con nuestra familia. Es como si estuviera viendo mi reflejo al otro lado del espejo. Escucho muchos comentarios como: “es igualito a usted”, “se parecen tanto”. También los miembros de la familia inmediata opinan lo mismo, sobre todo de mi hijo, de quien muchos dicen que se parece mucho a mí cuando yo tenía su edad.
Yo siempre digo en broma que ellos sacaron mi belleza e inteligencia, pero en realidad es una mezcla de las características de ambas familias. Aunque me gusta que tengamos semejanzas físicas, mi meta, realmente, es que esas personas que son mi reflejo al otro lado del espejo sean la versión mejorada de quien soy. Y para lograrlo, una de las cosas más importantes es que yo esté presente en sus vidas.
En otro escrito hablé sobre la importancia de la presencia del padre, el valor del varón en la vida de las hijas, pero en este me voy a enfocar en mi hijo.
La ciencia demuestra que la presencia activa del padre tiene un impacto profundo en la salud emocional de los hijos. Los hijos varones que crecen con un padre presente y que participa activamente en sus vidas desarrollan una mayor autoestima, un mejor control de las emociones y menos síntomas de depresión y ansiedad. También tienen menor riesgo de caer en conductas violentas, en la delincuencia o en el uso de alcohol y drogas.
Yo, como padre, soy una figura clave para enseñar valores como el respeto, la responsabilidad, la cooperación y la resolución de conflictos sin agresión. A través de la interacción diaria, el juego, la conversación y el ejemplo, le enseño a mi hijo a competir sin necesidad de agresividad, a manejar la frustración y a relacionarse de manera sana con los demás.
Pero no es simplemente estar ahí lo que realmente protege la salud mental de mi hijo; es la calidad de nuestra relación. Por eso intento escucharlo, apoyarlo, comunicarme abiertamente y demostrarle afecto.
Todo esto ayuda a que mi hijo tenga un mejor rendimiento en la escuela, más confianza en sí mismo y posea las herramientas para enfrentar los retos de la vida.
Te invito a que, la próxima vez que veas a tu versión mejorada frente a ti, como un reflejo al otro lado del espejo, entiendas el valor de tu presencia. La paternidad es un trabajo hermoso, pero nunca ha sido ni será fácil.
Es importante entender que nuestras decisiones —incluida la calidad de la relación que construimos con nuestros hijos e hijas— influyen profundamente en las personas que algún día llegarán a ser.